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Cinco Enfoques Psicológicos para Entender tus Sueños

·12 min de lectura
Este artículo se publicó cuando la app se llamaba MindFlow. MindFlow ahora es My Human Code; todo lo descrito aquí sigue en la app. Qué cambió

Por Camila Figueroa, Directora de Ciencia e Innovación

Los seres humanos han intentado dar sentido a sus sueños desde que existen registros escritos.

En el último siglo, investigadores y profesionales de la salud han propuesto cinco grandes enfoques para entender el porqué de lo que soñamos. En conjunto, estos enfoques dibujan un retrato del sueño como uno de los fenómenos más ricos y complejos que produce la mente humana.

1. Los sueños como expresión simbólica de deseos inconscientes

Sigmund Freud (1900) argumentaba que los sueños son la expresión de deseos inconscientes reprimidos. Durante el sueño, esos deseos se manifiestan como formas simbólicas y distorsionadas. Freud distinguía entre el contenido manifiesto de un sueño (las imágenes que experimentas) y el contenido latente (el significado oculto que hay detrás).

En su práctica clínica, recurría a la asociación libre para sacar a la luz los conflictos inconscientes. Aunque su teoría otorgó un peso excesivo a la sexualidad y gran parte de sus supuestos han sido revisados, uno de los que permanece vigente es la idea de que los sueños tienen un significado y que existe una distancia constante entre lo que un sueño parece decir y lo que realmente significa.

2. Los sueños como mensajes del inconsciente colectivo

El autor de la psicología profunda C. G. Jung se alejó de Freud en un aspecto fundamental: ¿de dónde vienen los sueños? Argumentó que bajo el inconsciente personal existe un inconsciente colectivo, una capa más profunda de la psique compartida por toda la humanidad y organizada en torno a patrones universales que llamó arquetipos (Jung, 1964). Estos arquetipos no son adquiridos sino heredados: la Sombra agrupa los aspectos rechazados o no desarrollados de la personalidad; el Ánima y el Ánimus encarnan las dimensiones femenina y masculina interiores; y el Self, que es el principio organizador de la psique.

Para Jung, los sueños son el lenguaje directo de la psique, una forma de compensar lo que la vida consciente está descuidando. Una persona excesivamente racional podría soñar con inundaciones y caos. Alguien que huye del duelo podría soñar con la muerte. A esto lo llamó función compensatoria: el inconsciente restaurando el equilibrio de la mente. Así mismo, cuando personas de culturas radicalmente distintas sueñan con las mismas estructuras simbólicas, sugiere que una parte del contenido onírico es genuinamente universal, una idea que la neurociencia moderna respalda (McGovern et al., 2025).

3. Los sueños como el intento del cerebro de dar sentido al ruido

En 1977, los psiquiatras J. Allan Hobson y Robert McCarley propusieron que los sueños son el intento del cerebro de imponer coherencia narrativa a una actividad neurológica aleatoria. Durante el sueño REM, el tronco encefálico envía descargas irregulares de señales eléctricas hacia la corteza, activando circuitos sensoriales y motores sin ningún estímulo externo. Las regiones cognitivas del cerebro toman esas señales y construyen con ellas una historia. Este fue el primer modelo biológicamente fundamentado del sueño y desafió de frente la idea de que cada imagen onírica carga un significado simbólico.

Hoy sabemos que el sueño REM cumple un papel relevante en el procesamiento emocional y la integración de la memoria (du Plessis y Lipinska, 2023; Walker, 2017). Bajo esta mirada, la actividad neural aleatoria puede ser la materia prima del sueño, pero las narrativas que emergen están moldeadas por las preocupaciones del momento, el mundo emocional del soñador y las experiencias que aún no han encontrado solución.

4. Los sueños como ensayo evolutivo de supervivencia

Antti Revonsuo (2000) propuso que soñar es un mecanismo de defensa biológico que evolucionó para simular situaciones de peligro y ensayar respuestas de supervivencia. Las situaciones amenazantes aparecen en los sueños con una frecuencia muy superior a la que tienen en la vida real. Estudios realizados durante la pandemia documentaron un aumento notable de contenido onírico amenazante en adultos durante la cuarentena (Kilius et al., 2021; Abbas y Samson, 2023). Esta teoría se amplió posteriormente para incluir la simulación social: el ensayo de conflictos, cooperación y rechazo, dimensiones que son igualmente decisivas para la supervivencia (Tuominen et al., 2019).

La neurociencia ha identificado los circuitos cerebrales que intervienen en el proceso, entre ellos la amígdala, la corteza prefrontal medial y el hipocampo, mostrando cómo las experiencias amenazantes se procesan durante el sueño REM y van perdiendo gradualmente su carga emocional (Nielsen y Levin, 2007). Las pesadillas recurrentes y los sueños que causan ansiedad son un ejemplo de este sistema en funcionamiento: los sueños son más intensos en períodos de estrés o de grandes cambios y esto no indica necesariamente que algo esté mal; puede ser la señal de que la mente está tratando de procesar y responder al reto emocional.

5. Los sueños como reflejo de la vida

La teoría cognitiva estudia cómo la mente procesa la información: cómo percibimos, recordamos, razonamos y damos sentido a lo que vivimos. Calvin Hall fue el primero en aplicar este enfoque al sueño de forma sistemática. Analizó miles de relatos oníricos y propuso la teoría de que los sueños son un retrato directo de cómo el soñador se ve a sí mismo, a los demás y al mundo. Con eso sentó las bases de la hipótesis de continuidad: el contenido de los sueños refleja directamente los pensamientos, preocupaciones y vida emocional de la persona (Hall, 1953).

Partiendo de ese trabajo, Domhoff (2011) demostró que lo que nos preocupa durante el día tiende a aparecer de noche. La neuroimagen confirma que las regiones cerebrales responsables de soñar despiertos y la memoria autobiográfica son las mismas que se activan al soñar, lo que significa que la mente dormida trabaja con el mismo material que la mente despierta (Domhoff y Fox, 2015; Domhoff, 2022). Según esta teoría, entender los sueños no requiere de un especialista, pues su significado está en los patrones. Cuando los mismos temas o situaciones emocionales siguen apareciendo, suelen reflejar lo que genuinamente le preocupa al soñador, a veces antes de que él mismo lo haya puesto en palabras (Schredl, 2024).

Lo que estos cinco enfoques tienen en común y por qué importa

Los cinco enfoques coinciden en dos puntos: los sueños tienen sentido y las emociones son el centro. Ya sea que el enfoque esté en los deseos reprimidos, la compensación arquetípica, la activación del tronco encefálico, el ensayo evolutivo o las preocupaciones cotidianas, lo que da vida al contenido onírico y lo hace sentir real es su carga emocional. La neurociencia lo respalda: el sueño REM está específicamente implicado en la consolidación de recuerdos emocionalmente significativos (Walker, 2017; du Plessis y Lipinska, 2023).

Donde difieren es en el origen del contenido de los sueños. Freud y Jung lo ubican en un inconsciente que requiere interpretación, a menudo con acompañamiento de un profesional clínico. Hobson lo sitúa en la neurología y la actividad cerebral. Revonsuo, en la herencia evolutiva. Domhoff lo ve en las preocupaciones cognitivas y los patrones de la vida cotidiana.

Lo que todo esto revela es que ningún enfoque cuenta la historia completa. Los sueños son a la vez producto de procesos neurológicos, moldeados por presiones evolutivas y reflejo directo de lo que está emocionalmente vivo en la vida de una persona. Vistos en conjunto, estos enfoques nos proponen algo concreto: prestar atención a los sueños es una de las formas más directas de prestarte atención a ti mismo.

Al final, lo que se repite, lo que tiene peso emocional y lo que emerge cuando duermes, es material que merece tu atención.

Referencias

Abbas, N. H., & Samson, D. R. (2023). Dreaming during the COVID-19 pandemic: Support for the threat simulation function of dreams. Frontiers in Psychology, 14, 1124772. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1124772

Domhoff, G. W. (2011). Dreams are embodied simulations that dramatize conceptions and concerns: The continuity hypothesis in empirical, theoretical, and historical context. International Journal of Dream Research, 4(2), 6–18.

Domhoff, G. W. (2022). The neurocognitive theory of dreaming: The where, how, when, what, and why of dreams. MIT Press.

Domhoff, G. W., & Fox, K. C. R. (2015). Dreaming and the default network: A review, synthesis, and counterintuitive research proposal. Consciousness and Cognition, 33, 342–353. https://doi.org/10.1016/j.concog.2015.01.019

du Plessis, L., & Lipinska, G. (2023). The modulation of emotional memory consolidation by dream affect. Frontiers in Sleep, 2, 1239530. https://doi.org/10.3389/frsle.2023.1239530

Freud, S. (2010). The interpretation of dreams (J. Strachey, Trans.). Basic Books. (Original work published 1900)

Hall, C. S. (1953). A cognitive theory of dreams. Journal of General Psychology, 49(2), 273–282. https://doi.org/10.1080/00221309.1953.9710091

Hobson, J. A., & McCarley, R. W. (1977). The brain as a dream state generator: An activation-synthesis hypothesis of the dream process. American Journal of Psychiatry, 134(12), 1335–1348. https://doi.org/10.1176/ajp.134.12.1335

Jung, C. G. (1964). Man and his symbols.

Kilius, E., Abbas, N. H., McKinnon, L., & Samson, D. R. (2021). Pandemic nightmares: COVID-19 lockdown associated with increased aggression in female university students' dreams. Frontiers in Psychology, 12, 644636. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.644636

McGovern, H., Aqil, M., Atasoy, S., & Carhart-Harris, R. (2025). Eigenmodes of the deep unconscious: The neuropsychology of Jungian archetypes and psychedelic experience. Neuroscience of Consciousness, 2025(1), niaf039. https://doi.org/10.1093/nc/niaf039

Nielsen, T. A., & Levin, R. (2007). Nightmares: A new neurocognitive model. Sleep Medicine Reviews, 11(4), 295–310. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2007.03.004

Revonsuo, A. (2000). The reinterpretation of dreams: An evolutionary hypothesis of the function of dreaming. Behavioral and Brain Sciences, 23(6), 877–901. https://doi.org/10.1017/S0140525X00003988

Schredl, M. (2024). Continuity between waking life and dreaming: A research note and study in adolescents. Imagination, Cognition and Personality, 44(1), 1–15. https://doi.org/10.1177/02762366241254818

Tuominen, J., Stenberg, T., Revonsuo, A., & Valli, K. (2019). Social contents in dreams: An empirical test of the Social Simulation Theory. Consciousness and Cognition, 69, 133–145. https://doi.org/10.1016/j.concog.2019.01.017

Walker, M. P. (2017). Why we sleep: Unlocking the power of sleep and dreams. Scribner.

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